La Astronomía es una ciencia: el estudio del universo como tal; la Astrología es una pseudociencia: una pretensión, a falta de evidencias contundentes, de que los demás planetas influyen en nuestras vidas cotidianas.

Como comentaba, en mi anterior entrada en el blog, en tiempos de Ptolomeo la distinción entre ambas no estaba totalmente clara. Hoy sí lo está. La Astrología es un conjunto de creencias que pretende conocer y predecir el destino de las personas, pronosticar los sucesos futuros. Supone que se puede llegar a ese conocimiento mediante la observación de la posición y el movimiento de los astros. Los astrólogos sostienen que las posiciones de estos ejercen influencia o tienen correlación con los rasgos de la personalidad de la gente, los sucesos importantes de sus vidas, e incluso con sus características físicas. Hoy sabemos que no hay ningún tipo de evidencia que demuestre lo anterior, por lo tanto se puede deducir que esta disciplina no es más que un conjunto de conocimientos errados que se fueron transmitiendo a través de generaciones, transformándose en dogma, convenciendo ciegamente a muchos, y generando negocio deshonesto para algunos. Es la “ciencia” de los Incautos.

Estos dos párrafos pertenecen a Carl Sagan, de su obra El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad:

“La ciencia […] plantea hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confronta una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica”.

“La pseudociencia es justo lo contrario. Las hipótesis suelen formularse precisamente de modo que sean invulnerables a cualquier posibilidad de refutación, por lo que en principio no pueden ser invalidadas. Los practicantes se muestran cautos y a la defensiva. Se oponen al escrutinio escéptico. Cuando la hipótesis de los pseudocientíficos no consigue cuajar entre los científicos se alegan conspiraciones para suprimirla”.

Carl Sagan para muchos es el autor de Cosmos, pero fue en realidad mucho más que eso: un gran divulgador científico, doctorado en Astronomía y Astrofísica, cosmólogo y escritor que en la en la década de los 50 participó como asesor y consultor de la NASA (proyectos Mariner, Viking, Voyager, Apolo,…). Como pionero de la Exobiología promovió la búsqueda de inteligencia extraterrestre través del Proyecto SETI. Pero probablemente lo que le concedió un lugar en la historia fue su apego al método científico y al pensamiento analítico, dedicándose fervientemente a luchar contra las pseudociencias y los dogmas inamovibles. Sagan explicaba como nadie que la ciencia es una caja de herramientas para hacer frente al mundo que nos rodea. Nadie mejor que él para hablar de la Astrología como pseudociencia.

En pleno siglo XXI se gastan millones de euros anuales en horóscopos, predicciones y cartas astrales, y presidentes de países poderosos consultan a astrólogos y adivinos para pedir consejo sobre política internacional. Lo que hace que nos preguntemos a qué se debe que una concepción del universo y de la vida humana tan comprobadamente falsa siga teniendo una aceptación popular tan importante. Probablemente nos enfrentamos a un serio problema educacional cuando según datos de 1999 el 41% de los jóvenes españoles cree en la astrología y el horóscopo. No parece que esto sea algo anecdótico.

El 24 de Febrero de 2013 se emitió un debate público en el programa de Cuarto Milenio (Cadena Cuatro) sobre “Astrología, ¿fraude o verdad?” en el que participaron dos científicos y una serie de “expertos” sobre el tema, incluyendo a Iker Jiménez, director del programa. Entre otras cosas un astrólogo, Vicente Cassanya, realizaba la carta astral del presentador: una espectacular “puesta en escena” del absurdo discurso de la pseudociencia con toda la argumentación y verborrea de los charlatanes. Preocupante en un programa con una audiencia de más de 600 000 espectadores de media.

Nada más que aconsejable, si uno ha visto dicho debate, que leer después “10 razones para no creer en la Astrología”, considerando que si creer es “aceptar algo sin pruebas” existen razones por las que no creer en esta disciplina.

Pero el aspecto menos “inocente” de la Astrología es el negocio y el fraude. Desde tiempos inmemoriales el hombre ha sido supersticioso, y en su deseo de conocer su destino y porvenir abrió la posibilidad de influir (todo el mundo sabe de la fascinación de Hitler por el esoterismo y las ciencias ocultas, y el importante papel que jugaron la magia y la astrología en la segunda guerra mundial) o de hacer negocio. Astrólogos, adivinos y futurólogos han logrado calar muy hábilmente en una población ávida de oír que recibirá un premio, que conocerá al amor de su vida o que le tocará la lotería o conseguirá un trabajo bien remunerado. Los vemos por televisión, tienen programas de radio o escriben en revistas y periódicos. Si la consulta es personalizada pueden llegar a cobrar altas sumas de dinero por emitir una carta astral (hecha con un ordenador).

Y la verdad, es que encima los adivinos no dan una. Por ejemplo, Antonio Vázquez Alba, el brujo mayor de México, que suele dar a conocer sus predicciones cada Año Nuevo. Llegó a pronosticar la caída de Barak Obama y la fecha de la muerte del presidente Chávez. Sus predicciones fueron erróneas y sin embargo sigue realizándolas y sus seguidores y clientes no las cuestionan. ¿Por qué será que ninguno de estos adivinos ha sido capaz de predecir catástrofes como la del 11 S o el 11 M? ¿Por qué será que cuando se trata de salvar vidas ellos/as no aparecen?

Me da más vergüenza todavía que la principal agencia de noticias en español (agencia EFE) considere relevante informar que la primogénita de los Príncipes de Asturias es Escorpio. “Tenaces, vitales, enérgicos, activos, calculadores, prudentes, vanidosos, envidiosos, grandes amantes, aunque infieles en potencia, así son los nacidos bajo el signo de Escorpio, figura astral a la que desde hoy está ligada la infanta doña Leonor”, escribe Del Amo, quien añade que “suelen tener un físico imponente y son capaces de cautivar con su presencia”. Luego, nos explica que, “si doña Leonor tiene hermanitos, les defenderá a capa y espada; eso sí, ella será la dueña y señora de la casa”. Y añade: “El hecho de haber nacido el 31 de octubre sitúa a doña Leonor en el decanato de Libra, de ahí que pueda heredar algunas de las características de este signo, como son el equilibrio, la armonía, la sociabilidad y la intuición, aunque también el pesimismo y la melancolía”. No contentos con ello, el 29 de abril de 2007 el teletipo, titulado “Segunda hija Príncipes nace, como Alfonso XIII, bajo el signo de Tauro” abunda en la vergüenza ajena que uno siente al saber que, por segunda vez, alguien ha permitido difundir algo así por todo el mundo de habla hispana, adornado con toda la colección de tópicos sobre cómo será y qué hará. Nos preguntamos sobre el futuro de una niña nacida bajo la misma “influencia astral” pero sin pertenecer a la familia real…

Según un estudio reciente del Eurobarómetro sobre las fronteras de la ciencia realizado en el continente europeo, más de la mitad de los encuestados (52,7%) consideraron que la astrología les parecía una disciplina “bastante científica”. Algunos astrólogos con aspiraciones más ambiciosas pretenden de hecho que la astrología sea considerada una nueva ciencia, incluso acuñando términos como “Astronología”, por su similitud con el término Astronomía. Me horroriza considerar a Rappel y sus colegas “bastante científicos”. Me inclino más bien por lo que decía Mario Bunge: un “montón de macanas” que se venden como ciencia.

Termino con una frase sin desperdicio que Michael Lester pone en boca del protagonista, Carl Sagan y su nave espacial de la imaginación perfectamente armada, en la tira cómica que ha sido amablemente traducida con el permiso del autor en El Retorno de los Charlatanes:

Astrología, tu futuro es… sombrío

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4 comentarios en “Astrología, tu futuro es… sombrío

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