El pensamiento crítico
consiste en analizar y evaluar la consistencia de los razonamientos, en especial aquellas afirmaciones que la sociedad acepta como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana.

Dicha evaluación puede realizarse a través de la observación, la experiencia, el razonamiento o el método científico. El pensamiento crítico exige claridad, precisión, equidad y evidencias, ya que intenta evitar las impresiones particulares. En este sentido, se encuentra relacionado con el escepticismo y la detección de falacias.

falacia. Del lat. fallacia. (DRAE)

  1. f. Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.
  2. f. Hábito de emplear falsedades en daño ajeno.

Algunas falacias se cometen intencionadamente para persuadir o manipular a los demás, mientras que otras se cometen sin intención debido a descuidos o a ignorancia.

El estudio de las falacias se remonta hasta Aristóteles, que distinguía entre propiamente falacia (error en la argumentación) y sofisma (con intención de engañar). En sus Refutaciones sofísticas identificó y clasificó trece clases de falacias. Desde entonces, cientos de otras falacias se han agregado a la lista y se han propuesto varios sistemas de clasificación.

Las falacias o falsas argumentaciones son errores que infringen las reglas del buen comportamiento del acto argumentativo; se trata de inferencias que no son válidas, pero que cuya forma recuerda a las de las argumentaciones válidas. Son argumentos que no tienen relación con las tesis puestas en discusión y se los utiliza en las argumentaciones cotidianas: insultar a alguien, amenazarlo, tratarlo de incompetente; pueden servir, además, para obligar al interlocutor a aceptar la validez de una tesis inconsistente.1

Según Van Eemeren y Grootendorst (1994) las falacias son infracciones a ciertas reglas en las que debe basarse toda buena argumentación. Según estos autores, es importante considerar estas prescripciones de comportamiento argumentativo correcto para poder valorar la estructura y validez de los argumentos. Proponen diez reglas a aplicar en las diferentes etapas de la argumentación que contribuyan a resolver las diferencias de opinión sin incurrir en falacias clásicas. Personalmente las considero muy complejas, y me resultan de más fácil aplicación los tres criterios propuestos por Blair y R. H. Johnson para evaluar si una argumentación es o no defectuosa:

1.- Aceptabilidad: los argumentos deben ser “creíbles”, es decir, tienen que ser fácilmente aceptados por la audiencia o estar basados en evidencias sólidas.

Si las premisas son inaceptables surgen las falacias de ambigüedad, petición de principio (petitio principii), composición, división, continuum, olvido de alternativas, wishful thinking, etc.

2- Relevancia: los argumentos deben ser coherentes con el punto de vista, y nos deben prestar apoyo o llevar a la conclusión.

Ejemplos de premisas irrelevantes son las falacias de ataque personal (argumento ad hominem, falacia del hombre de paja), la falacia del argumento ad populum, la falacia genética y todas las falacias del non sequitur (la conclusión a la que se llega no se deduce por su premisa) en general.

3- Suficiencia: el número de argumentos debe ser suficiente para defender el punto de vista. Esto es muy importante en las generalizaciones, en los argumentos causales y en las pruebas de indicios que no admiten conclusiones válidas con pocos casos o a partir de anécdotas personales. Si con un argumento se convence al oponente, un argumento será suficiente, pero si el oponente lo refuta, es necesario dar más (todos los que sean necesarios).

Cuando los datos no ofrecen apoyo suficiente a la conclusión surgen falacias como la afirmación gratuita, la generalización precipitada o la falsa causa (Post hoc, ergo propter hoc).

En resumen, un buen argumento es el que se atiene a la cuestión, ofrece razones sólidas, y está protegido ante refutaciones. Si cumple estas condiciones es bueno y su conclusión debe ser aceptada. Si no las cumple, probablemente es falaz.

Las falacias son de interés no solo para la lógica, sino también para la política, la retórica, el derecho, la ciencia, la religión, el periodismo, la mercadotecnia, el cine y, en general, cualquier área en la cual la argumentación y la persuasión sean de especial relevancia.

En lógica, la falacia de la verdad a medias es una falacia en que se presenta algo creíble y se toma eso como buena razón para creer que el resto de la presentación es verdadera. Estas verdades a medias “forman parte” de las democracias representativas o parlamentarias, y en consecuencia abundan y son esperadas en los discursos de los políticos, dañando la credibilidad del sistema. Una frase del filósofo Alfred North Whitehead decía: “No hay verdades completas; todas las verdades son medias verdades, pero el diablo juega a hacerlas pasar como verdades completas”.

Un buen ejemplo de argumento que suena cierto pero no sirve para sustentar una verdad lo encontramos constantemente en las falaces argumentaciones del actual presidente en funciones Mariano Rajoy, como en el repaso que Ignacio Escolar le hace en este artículo del eldiario.es, sobre las falsedades y medias verdades de su discurso como presidente del Gobierno en el debate del estado de la nación . Tampoco tiene desperdicio el artículo, publicado en el mismo periódico, sobre la denuncia interpuesta al Ministerio de Educación por la ilegalidad del currículo de la asignatura de Religión según las directrices de la reforma educativa llevada a cabo por el ex ministro Wert (LOMCE) y que todos actualmente sufrimos. Entre los contenidos, diseñados por la Conferencia Episcopal, se incluye en Primaria enseñanzas sobre creacionismo, milagros, etc., y en Secundaria y Bachillerato no solamente se enseña, si no que se evalúan las ideas del alumnado a  partir de “las respuestas” que da la Iglesia (desde la fe) a cuestiones como el origen del mundo, la bioética, y en 2º de Bachillerato “comprender y respetar el significado bíblico de la afirmación <<hombre y mujer los creó>>”…  Un currículo que no solamente confunde y contradice las enseñanzas científicas que se desarrollan en el mismo nivel y curso, si no que incurre en todo tipo de inveracidades y falacias argumentativas (ad ignorantiam, ad hominem, todo tipo de argumentaciones ad hoc y por supuesto ad baculum por doble vía).

Y por supuesto no podía dejar de referirme a Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, presidenta del PP en Castilla La Mancha y reina de la falacia: medias verdades y todo tipo de comentarios negativos ad hominem (p. ej. sobre Ada Colau2), tu quoque (“tú más” “tú también”) y  ad nauseam3 .

En relación con la ciencia y la tecnología ciertas ideas falsas, “leyendas urbanas”, están muy extendidas entre la ciudadanía. En la serie Falacias de El Tamiz. Ignora lo accesorio, atesora lo esencial se recogen y desmontan, con datos, muchas de estas “creencias” tales como “es peligroso dormir con plantas”, o “en el espacio no hay gravedad”, o “si todos los chinos saltasen a la vez se modificaría la órbita de la Tierra”, o “los seres humanos sólo aprovechamos el 10% de nuestra capacidad cerebral” (afirmación atribuida a Einstein, lo cual es falso, y utilizada en el argumento de la película Lucy de Luc Besson en 2013)…

El pensamiento crítico y el sano escepticismo nos mantiene alerta contra falacias y pseudociencias. El conocido científico Carl Sagan siempre mostró preocupación por el camino que la sociedad tomaba respecto a la ciencia y el conocimiento. Como divulgador, aconsejaba hacer uso del marco científico como la forma más eficiente de enfrentarse a los problemas. Meses antes de su fallecimiento escribió una obra sobre cómo evitar engaños y manipulaciones presentes en la propaganda o a través de la transmisión de bulos, falsos mitos y otros tantos peligros a los que se enfrenta la sociedad: El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad (Carl Sagan, 1995). Este kit del escéptico podría resumirse en nueve reglas básicas donde explica de forma sencilla el método científico a la ciudadanía.

El funcionamiento dinámico de la ciencia y el pensamiento científico hace que las ideas vayan cambiando y evolucionando. La verdad no cambia porque muchas personas crean o no en ella. La verdad no depende ni de una persona sola, ni tampoco de la mayoría de personas. La verdad depende de las evidencias, de la lógica y de la razón, y no del número de personas que crean.

Antes de Darwin nadie pensaba que el hombre estaba relacionado con los monos. Darwin, demostró (basándose en las evidencias encontradas durante su viaje en el Beagle) que la práctica totalidad de la población se equivocaba.

darwin
Caricatura de Charles Darwin como un simio, en la revista Hornet. Esta caricatura consiste en una apelación al ridículo, una forma de argumento ad hominem

 

Luchar contra las falacias es un paso imprescindible para que el mundo sea un lugar más racional y más alejado de lo mágico y pseudocientífico. Y a modo de guiño os dejo Los 10 mandamientos de la lógica (traducidos, difícilmente resumibles en dos) y una recopilación de falacias lógicas que aparecen en la magnífica serie Big Bang Theory.

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Un comentario en “Pensamiento crítico: desmontando argumentos falaces

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