Astrología, tu futuro es… sombrío

La Astronomía es una ciencia: el estudio del universo como tal; la Astrología es una pseudociencia: una pretensión, a falta de evidencias contundentes, de que los demás planetas influyen en nuestras vidas cotidianas.

Como comentaba, en mi anterior entrada en el blog, en tiempos de Ptolomeo la distinción entre ambas no estaba totalmente clara. Hoy sí lo está. La Astrología es un conjunto de creencias que pretende conocer y predecir el destino de las personas, pronosticar los sucesos futuros. Supone que se puede llegar a ese conocimiento mediante la observación de la posición y el movimiento de los astros. Los astrólogos sostienen que las posiciones de estos ejercen influencia o tienen correlación con los rasgos de la personalidad de la gente, los sucesos importantes de sus vidas, e incluso con sus características físicas. Hoy sabemos que no hay ningún tipo de evidencia que demuestre lo anterior, por lo tanto se puede deducir que esta disciplina no es más que un conjunto de conocimientos errados que se fueron transmitiendo a través de generaciones, transformándose en dogma, convenciendo ciegamente a muchos, y generando negocio deshonesto para algunos. Es la “ciencia” de los Incautos.

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Conocimiento, Verdad y Cultura

Nada mejor para comenzar el blog (“máthema”, etimológicamente “conocimiento”) que con este primer artículo. Desde el conocimiento intuitivo (doxa) más primario del hombre (percepción de la realidad circundante, incorporación de experiencias, etc.) hasta la necesidad imperiosa de  los antiguos pensadores por alcanzar el “episteme” (etimológicamente también “conocimiento” aunque más reflexivo y riguroso, sinónimo de un saber cierto y absoluto), la humanidad se cierne entre el filo de la insaciable curiosidad y el placer cuando comprendemos algo, y la cómoda y conservadora posición del que prefiere mantenerse en la ignorancia.  Parte de la humanidad, o al menos el “pensamiento humanista”,  se ha decantado por el placer del entendimiento, y nos hemos convertido en “monos adictos al conocimiento”. Desde que decidimos seguir ese camino nos hemos visto involucrados en una auténtica “teoría de la conspiración”: lo conocido y lo desconocido, lo comprobable y lo imposible de comprobar.

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