Distopía: cuando el futuro es una pesadilla

La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Entonces, ¿para qué sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar
Eduardo Galeano

A veces pensamos o hablamos del futuro refiriéndonos al presente. Nuestras fantasías y nuestros sueños tienen que ver con nuestros anhelos, esperanzas y miedos como individuo y como grupo. Es frecuente identificar utopía con fantasía, con pretensiones bonitas, con aspiraciones profundas del espíritu humano, pero irrealizables, ajenas a la racionalidad práctica. Sin ir más lejos, el diccionario de la RAE da esta definición para el término:

  1. f. Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización.
  2. f. Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano.

Pero la historia demuestra que realidades tan diversas como el sufragio universal, la abolición de la esclavitud, la objeción de conciencia, la erradicación de enfermedades contagiosas o llegar a la Luna, fueron tachadas de utópicas en su día.

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