Distopía: cuando el futuro es una pesadilla

La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá.
Entonces, ¿para qué sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar
Eduardo Galeano

A veces pensamos o hablamos del futuro refiriéndonos al presente. Nuestras fantasías y nuestros sueños tienen que ver con nuestros anhelos, esperanzas y miedos como individuo y como grupo. Es frecuente identificar utopía con fantasía, con pretensiones bonitas, con aspiraciones profundas del espíritu humano, pero irrealizables, ajenas a la racionalidad práctica. Sin ir más lejos, el diccionario de la RAE da esta definición para el término:

  1. f. Plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización.
  2. f. Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano.

Pero la historia demuestra que realidades tan diversas como el sufragio universal, la abolición de la esclavitud, la objeción de conciencia, la erradicación de enfermedades contagiosas o llegar a la Luna, fueron tachadas de utópicas en su día.

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La verdad está ahí fuera, solo hay que buscarla

Estamos convencidos de que la percepción que tenemos del mundo exterior es la correcta. Creemos a pies juntillas lo que estamos viendo. Del entorno recibimos estímulos que son “aspectos” de la realidad capaces de activar nuestros receptores sensoriales. Pero son solamente una parte de la realidad, ya que algunos aspectos de la misma no son captados (p. ej. los espectros ultravioletas o infrarrojos no son captados por nuestros ojos). De la misma forma la percepción de ese entorno, supongamos una paisaje campestre, no puede ser idéntica entre dos personas, una de las cuales está, por ejemplo, auditivamente disminuida. El sonido del viento, del arroyo, de los pájaros, probablemente no estará en el registro auditivo percibido por la segunda. Pero el cerebro es un sistema complejo que no solamente procesa información sensorial. Existen factores subjetivos (experiencias pasadas, motivaciones, intereses, …) que condicionan y dan sentido a la información que llega al mismo. Si esta persona perdió su audición de forma progresiva puede que aún mantenga recuerdos de registros auditivos que ahora ya no oye pero, que de alguna manera, incorpore a las sensaciones como recuerdo. Esto no podría ocurrir de forma alguna en el caso de que su problema auditivo sea de nacimiento.

En definitiva, la percepción1 es un proceso psíquico-físico a través del cual interpretamos la información captada por los sentidos. Evolutivamente, y a lo largo de nuestra vida, hemos aprendido como es el espacio natural y por ello recreamos la realidad externa, que es personal, basada en programas genéticamente determinados pero que adquiere una tonalidad emocional única.

Lo que nos lleva directamente a la pregunta, ¿qué es real?2
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